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Menem y Bolocco festejaron su boda con locro multitudinario

La ceremonia, comparada con otras fiestas menemistas, fue austera. Los festejos seguían anoche en Anillaco, pero en un marco de mayor intimidad. Los detalles de la celebración

Por Redacción

Dicen que el mejor regalo de bodas se lo dieron los dirigentes del PJ riojano, del salteño y varios referentes ultramenemistas de otros puntos del país: Palabras más, palabras menos, le habrían prometido una marcha federal a Plaza de Mayo si la Justicia, que investiga el tráfico de armas, ordena su detención. Con ese sueño del 17 de octubre propio revoloteándole, Carlos Menem terminó ayer en su tierra natal de concretar, sin revoloteos, el sueño de muchos hombres: casarse con una miss universo.
Entre chayas, tangos, cuartetos y el célebre "A mi manera", de Frank Sinatra, el ex presidente y la ex modelo chilena Cecilia Carolina Bolocco unieron sus iniciales y, al menos en los papeles, sus vidas.

Comparada con otras fiestas del menemismo norteño (como los cumpleaños de los Saadi cuando reinaban en Catamarca), la ceremonia civil y la fiesta fueron austeras, sin menúes exóticos ni cataratas de champagne. Aunque entre los gastos sería justo anotar el uso del aparato estatal riojano, traducido en el uso de una residencia de cuatro manzanas de extensión y la presencia de un ejército de policías y cadetes para cuidar, entre otras cosas, la amplitud de la ronda para ver el vals de los novios.
Con presencias claves y con ausencias sugestivas, la flor y nata del menemismo le ofreció a Carlos Menem una fiesta cargada de señales. Y el riojano no dejó ninguna sin revisar.
La primera la tuvo ni bien puso un pie en el enorme estadio cubierto que lleva su nombre. Un locutor engominado destrozó sus cuerdas vocales para anunciar: "aquí llegó el Presidente, porque para nosotros sigue siendo el Presidente". Y más allá del fervor, el hombre del micrófono no mentía porque aquí, hasta los que no lo quieren le siguen llamando presidente.
Un rato antes, el director del Registro Civil de La Rioja le había dejado otro piropo institucional al confesarle al país que ese había sido el acto administrativo más importante de su vida.
En la ceremonia civil, a Menem se lo vio nervioso, tanto que por momentos pareció que su novia no iba a poder arrancarle ni una mísera sonrisa. En la fiesta fue otra cosa. La multitud -que dejó algunos claros en las tribunas- tronó "vivan los novios" como si fuera una declaración de derechos. Y desde la mesa principal los novios agradecieron con gestos, besos, pulgares hacia arriba y guiños de ojo seductores y cómplices.
La fiesta tuvo dos escenarios. Uno fue el de las mesas pobladas por señores de trajes oscuros y oro entre los dedos, acompañados por señoras de cabellos camuflados. Acaso la casualidad haya querido que la mayoría de ellas eligiera la gama del amarillo.
El otro escenario estaba en las tribunas, donde los hombres vestían lo poco que tienen y sus mujeres lo poco que pueden. Ahí el locro se comía con la bandeja entre las piernas mientras los pibes se alborotaban por acercarse a Figuretti.
Una bandera chilena y más de cien periodistas de ese país formaron parte del escenario de la fiesta. La pareja cumplió con todos, hasta con los cómicos de Video Match.
El rumor de que las fiestas nupciales durarían tres días y tres noches parecía tomar forma de realidad anoche, cuando la pareja se disponía a pasar su primera fase lunar en Anillaco, en la hostería del Turco Millán, un amigo del ex presidente que organizó un asado bien cerquita de la tierra prohibida, que a partir de ahora es la residencia 'La Rosadita'. Y se habla de otro festejo popular, hoy al mediodía.
Después de una hora y media de buenos augurios, entre danzas chilenas y riojanas, el matrimonio de CM y CM dejó el polideportivo mientras la gente empezaba a elogiar la mano de las alumnas de la Escuela Especial de Oficios para hacer torta casamentera.
Entre las mesas, el piso y las gradas, quedaban todavía algunas bandejas de plástico con locro sabroso pero con menos carne que una modelo top.
Con el sol riojano a codazo limpio con las nubes, la multitud emprendió el regreso a casa. Caminando entre la tierra suelta, al costado de la avenida Ortiz de Ocampo marchó la mayoría de los invitados, los que no ocuparon mesas y debieron comer sentados sobre el cemento de las tribunas.
Eran mujeres de ropa descolorida y zapatos torcidos por el tiempo. Muchas se llevaban tres y hasta cuatro bandejas de locro que no había sido consumido. Se las veía entusiasmadas, como si creyeran que en sus casas la fiesta iba a seguir.

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